sábado, 31 de octubre de 2009

El mundo dionisiaco: de religiones y erotismo

Recordando la historia de las religiones y viendo muchas de las religiones de nuestros días,las cuales buscan negar o excluir el erotismo, me remonta y obliga a releer a Bataille , quie diría que “esencialmente el erotismo, y desde sus orígenes, estaba asociado a la vida religiosa…” “…Al rechazar el aspecto erótico de la religión, los hombres la convertirían en una moral utilitaria, y al no tener carácter sagrado, se convertiría en algo inmundo.”

Es fascinante entrar por ejemplo en el culto a Dionisos, éste era el dios del éxtasis y de la locura. La embriaguez, la orgía y el erotismo parecerían los principales rasgos de este dios *. Pero, las fiestas de Dioniso no sólo establecerían un pacto entre los hombres, también expresaban una reconciliación del ser humano con la naturaleza **, y no había una delimitación entre las castas en la conformación de los coros báquicos.

Los excesos dionisiacos en alguna época, tuvieron limite en la muerte, ya que raras veces se llegaba a la muerte como desenlace… sin embargo el delirio de las ménades(mujeres griegas adoradoras del dios Baco) llegó a un punto en  el despedazamiento y devore de cabritos en los ritos dionisiacos de las ménades hasta segun los mitos el despedazamiento de sus propios hijos.Se suponía que dichas prácticas fomentaban la fertilidad. Las matronas hacían de sacerdotisas proporcionando alcohol y alucinógenos a las jóvenes. La leyenda afirma que recorrían los bosques insinuándose y lastimando a los hombres que encontraban, siendo la danza de las ménades  el rito central de las ceremonias.








Las imágenes representadas en las monedas tracias nos hacen imaginar la promiscuidad reinante en el sentido de una tendencia a la orgía. Las vasijas de los siglos sucesivos nos sirven de ayuda para saber en que consistieron los ritos dionisiacos, cuya esencia era el libertinaje.

Así, dichas religiones que proscriben el mundo erótico, no harían muchas veces más que confundir la salud mental de sus creyentes, pues el mundo erótico es reflejo de este mundo de movimiento sin detención, reconociéndose a la realidad mutable, erupción creadora de nuevos y cambiantes valores, así como vibración expansiva y en espiral.

*George Bataille, Las lágrimas de Eros. 4ta edición 2007.

** Federico Nietzsche, La visión dionisíaca del mundo, en El nacimiento de la tragedia






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