domingo, 18 de octubre de 2009

LA TOMA DE DECISIONES EN INESTABILIDAD

Amenazado por una fuerza enemiga superior, el general se encontró ante un dilema. Sus oficiales de Inteligencia afirmaban que los soldados serían atrapados en una emboscada en la que morirían 600 de ellos, a menos que él los condujera a lugar seguro por una de dos rutas posibles. Si elegía la primera, se salvarían 200 soldados. Si optaba por la segunda, habría un tercio de posibilidades de que se salvaran los 600 soldados y dos tercios de posibilidades de que no se salvara nadie. ¿Qué ruta debía tomar?


La mayoría de la tropa instó al general a tomar la primera ruta, argumentando que es mejor salvar las vidas que puedan ser salvadas que jugar con el riesgo de tener pérdidas aun mayores, pero ¿que sucede en esta situación?

Nuevamente, el general debe elegir entre dos vías de escape. Pero esta vez sus ayudantes le informan que si toma la primera morirán 400 soldados. Si va por la segunda, en cambio, hay un tercio de posibilidades de que no muera ningún soldado, y dos tercios de posibilidades de que perezcan los 600. ¿Qué camino debe tomar?


Frente a esta alternativa, la mayoría de la tropa prefiere la segunda ruta. La primera, después de todo, significa la muerte de 400 soldados. Con la segunda opción hay un tercio de posibilidades de que no muera nadie. E incluso, si el general pierde en este juego, sus pérdidas sólo serán un 50 % más altas.

El hecho de que la mayoría de la gente llegue a conclusiones opuestas en estos problemas es bastante sorprendente, porque como revelaría un mayor análisis e investigaciones al respecto, como las de Kahneman, en realidad son idénticos.

La diferencia está en que, en el primer problema, la cuestión se plantea en términos de vidas salvadas y en el segundo, en términos de vidas perdidas.

Cuando se enfrenta con un problema de este tipo, la gente se manifiesta en proporción de tres a uno en favor de la primera elección, pero lo hace por cuatro a uno por la segunda elección, cuando el dilema se formula en términos de vidas perdidas. Y aunque lleguen a reconocer la contradicción, algunas personas seguirán dando respuestas conflictivas.

El inquietante descubrimiento de Daniel Kahneman  (*)Amos Tversky no es tanto que a menudo seamos irracionales. Esto es algo que todos sabemos. Se trata en realidad de que, aun cuando tratamos de ser fríamente lógicos, damos respuestas radicalmente diferentes al mismo problema, cuando éste está planteado en términos ligeramente distintos.


(*) El psicólogo Daniel Kahneman ha sido galardonado con el Premio Nobel de Economía 2002 por haber integrado aspectos de la investigación psicológica en las ciencias económicas, especialmente en lo que respecta al juicio humano y la toma de decisiones bajo condiciones de incertidumbre.

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