lunes, 5 de julio de 2010

CÉSAR VALLEJO: MURO ESTE

Siempre es bueno volver a Vallejo...en medio de la noche larga, uno se reencuentra con esta narrativa o poema (según otros entendidos)... te conmociona la serenidad del hombre o poeta, tal vez  de pie en un muro cualquiera, y pleno de simbolismos se dispone frente a la bala perforante...tal vez lo mate, lo perfore tres veces, tal vez sea un condenado o un suicida, pero al final retoma sereno firmante, como si los versos o sus circunstancias fuera transitorias.



MURO ESTE

Esperaos. No atino ahora cómo empezar. Esperaos. Ya.
Apuntad aquí, donde apoyo la yema del dedo más largo
de mi zurda. No retrocedáis, no tengáis miedo. Apuntad no más. ¡Ya!

Brrrum...
Muy bien. Se baña ahora el proyectil en las aguas de las cuatro
bombas que acaban de estallar dentro de mi pecho. El rebufo me
 quema. De pronto la sed aciagamente ensahara mi garganta y me
devora las entrañas...

Mas he aquí que tres sonidos solos bombardean a plena soberanía
 los dos puertos con muelles de tres huesecillos que están
siempre en un pelo ¡ay! de naufragar.Percibo esos sonidos trágicos
y treses, bien distintamente,casi uno por uno.

El primero viene desde una rota y errante hebra del vello que
decrece en la lengua de la noche.
El segundo sonido es un botón; está siempre revelándose siempre en
 anunciación. Es un heraldo. Circula constantemente por una suave
 cadera de óvoe, como de la mano de una cascara de huevo. Tal
 siempre está asomado, y no parece trasponer el último viento nunca.
 Pues él está empezando en todo tiempo. Es un sonido de entera
humanidad.
Y el último. El último vigila a toda precisión, altopado al remate
 de todos los vasos comunicantes. En este último golpe de armonía
 la sed desaparece (ciérrase una de las ventanillas del acecho),
cambia de valor en la sensación, es lo que no era, hasta alcanzar
 la llave contraria.
Y el proyectil que en la sangre de mi corazón destrozado
cantaba
y hacía palmas,
en vano ha forcejeado por darme la muerte.
— ¿Y bien?
-- Con ésta son dos veces que firmo, señor escribano.
¿Es por duplicado?

De "Cuneiformes" en Vallejo, narrador de Miguel Gutierrez Correa.2004

1 comentario:

  1. A propósito, bueno es recordar uno de los poemas más bellos sobre la solidaridad, también de Vallejo...

    Masa

    Al fin de la batalla,
    y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
    y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!»
    Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

    Se le acercaron dos y repitiéronle:
    «¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
    Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

    Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
    clamando «¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!»
    Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

    Le rodearon millones de individuos,
    con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
    Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

    Entonces todos los hombres de la tierra
    le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
    incorporóse lentamente,
    abrazó al primer hombre; echóse a andar...

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